26 EL ÓPTICO OPTOMETRISTA Guillermo J. Álvarez García se inició en el mundo de la óptica de manera casual. No tuvo referentes familiares, ni motivación especial. Tampoco la óptica gozaba de visibilidad en aquellos momentos, a principios de los noventa. Como recuerda, “en los primeros años, a la gente le extrañaba que fuera necesaria una titulación universitaria para trabajar en una óptica”. Y así han transcurrido 30 años, “desarrollando mi labor siempre en ópticas de barrio y haciendo de aquella casualidad inicial, una forma de vida”. Como fundador de Guillermo Ópticos, realiza “tareas de coordinación y gestión, así como las propias del día a día de un establecimiento óptico, compartidas con mi equipo de ópticos optometristas, que van desde el trabajo en gabinete pasando por audiología y venta, entre otros. Los pequeños propietarios de óptica tenemos algo de hombre orquesta”. Lo que más demandan los clientes de esta óptica de Arganzuela (Madrid) “son soluciones para problemas en visión próxima e intermedia. Ayudas para trabajar frente al ordenador o simplemente para poder ver el móvil con nitidez. La edad del barrio marca las necesidades y, si bien se dan otras situaciones, las relacionadas con la presbicia son las que más tratamos”. Para Guillermo J. Álvarez, “la relación con la gente, ese vínculo de confianza, familiaridad y amistad que se va creando con los años”, es el principal valor de la profesión. A la par que “ayudar en la medida de nuestras capacidades profesionales a mejorar la vida de las personas, que ha de ser la razón de nuestro quehacer diario y el motivo de nuestra profesionalidad más pulcra. Pero hay que destacar ese otro componente humano, que gracias al desempeño de nuestra labor, se va tejiendo”. Respecto a los cambios acontecidos en la profesión en los últimos años, destaca que “Internet ha venido a conformar una nueva red de relaciones, que ha transformado el comercio tradicional, y el sector de la óptica no ha sido ajeno los cambios”. Asimismo, resalta el cambio de la profesión que, “desde el plano universitario y al calor de nuevos planes de estudio, como la declaración de Bolonia, ha experimentado un salto cualitativo sin precedentes”. ¿Hacia dónde se dirige el mundo de la óptica? El fundador de Guillermo Ópticos ve dos caminos posibles. “El primero, el que va ganando espacio al resto de modelos de óptica en la actualidad, el de grandes centros, incluyendo también aquí el modelo online, aunque tendría sus claras diferencias, donde precio e inmediatez son la razón de ser de su existencia. El segundo, el modelo de la óptica más pequeña, más cercana, con un alto grado de especialización y con una relación más personal entre el óptico optometrista y el paciente/cliente. Una óptica Guillermo J. Álvarez García Guillermo Ópticos (Madrid) de proximidad, cuya suerte irá en paralelo a la del tejido comercial de los barrios”, señala. Y resalta sobre todo el papel de estas últimas: “Qué lejos queda y cómo se nos ha olvidado el papel que jugaron durante la pandemia estas ópticas”. Con ese panorama, ¿qué debería cambiar en un futuro en la profesión? Para Guillermo J. Álvarez, “el óptico optometrista ha de tener mayor presencia en la Sanidad Pública. Se han conseguido avances, pero se me antojan insuficientes. Además, me parece necesario mejorar nuestra imagen como profesionales sanitarios y esta es una labor y un esfuerzo que nos compete a nosotros, en primer lugar, y a nuestros órganos colegiados”, concluye. “ME PARECE NECESARIO MEJORAR NUESTRA IMAGEN COMO PROFESIONALES SANITARIOS, Y ES UNA LABOR Y UN ESFUERZO QUE NOS COMPETE A NOSOTROS, EN PRIMER LUGAR, Y A NUESTROS ÓRGANOS COLEGIADOS”
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