83 de CECOP es unirse con Nasco Feeding Minds en una colaboración para ofrecer servicios ópticos y optométricos en la región de Sawla, Ghana. Para ello, pidió voluntarios. Todo el equipo de CECOP España subió al escenario. “Somos un equipo. Y, si esto brilla hoy, es por la energía que está aquí representada”, concluyó. Siempre hay esperanza Ousman Umar fue quien dio una charla motivacional, un viaje a través de la superación. Habló de Ghana. “Mi pueblo quedaba tan lejos que los Reyes Magos nunca llegaban. Así que nosotros nos construíamos nuestros propios juguetes”, narró. Mostró una foto de la casa de barro en la que nació en el pueblo llamado Fiasu. Constantemente, tras las lluvias, había que rehacerla. Era una cuestión de supervivencia. Tenía que caminar siete kilómetros para ir a la escuela en otro pueblo, y recorrerlos de nuevo para volver. No entendía cómo “el pájaro metálico podía volar”, tiró una piedra, que no lo hacía, y le dio en la cabeza. Esta curiosidad le llevó a salir de la aldea con sólo nueve años, para trabajar en la ciudad. Recorrió más de 21.000 kilómetros, ocho países, en cinco años, hasta que llegó a España. Dejó claro que “no todo está perdido, hay esperanza”. Estuvo abandonado en el Sáhara, junto a otras personas, por unos traficantes. El que conocía el desierto les reclamó las monedas que les quedaban para salir de esa situación. Caminaron día y noche durante tres semanas. Esa experiencia la vivió con sólo doce años. Por el día, la temperatura subía de los 40 grados. Por la noche, llegaba a -20 grados. Empezó a morir gente del grupo y creyeron que estaban encerrados en un túnel sin salida. Sospecharon que el hombre que les hacía de guía formaba parte de los traficantes que los habían abandonado, por lo que decidieron sacrificarlo. Estuvo viviendo cuatro años en Libia. Donde trabajó muchísimo hasta conseguir ahorrar 1.800 dólares y volvió a caer en manos de traficantes, porque quería llegar al “paraíso”. En aquel entonces, Umar era analfabeto. Denunció el negocio millonario de que Europa pague por cada inmigrante interceptado. “Somos monedas de intercambio”, lamentó. A pesar de haber estado en Marruecos, tuvo que bajar a Mauritania a coger una patera que llegara a España. Le dieron madera para que fabricara la patera, a pesar de pagar 1.800 dólares. Finalmente, de 46 personas, sólo seis sobrevivieron. Fueron 48 horas de agonía. El viento jugó a su favor y los llevó a la isla de Fuerteventura. Llegaron a la tierra prometida. Como era menor, la ley internacional le amparó y le mandaron a Málaga. Lo único que conocía de España era por el fútbol, y pidió ir a Barcelona, por el Barça. Lo hizo con una mano delante y otra detrás. Estaba tan contento que saludaba a todo el mundo, pero nadie le respondía. En los primeros meses, ni en el desierto del Sahara se sintió tan solo. Sin embargo, una de las cosas que aprendió es que jamás hay que perder la esperanza. Una señora llamada Montse le acabó acogiendo en su casa. Pasó de ser analfabeto a tener dos carreras y un máster en ESADE. El talento no tiene color, es cuestión de oportunidades. En 2012, nació Nasco Feeding Minds, para “alimentar mentes”. Consiguió abrir la primera escuela de informática de Ghana. Actualmente, tienen más de 17 aulas de informática y 50 escuelas, más de 6.000 alumnos. Y han puesto en marcha Nasco Tech, que ofrece una oportunidad laboral y cuyo beneficio va destinado al mantenimiento de las aulas de informática. Hay 32 programadores trabajando. Uno de sus clientes es el Banco Santander. Pidió, por último, apuntarse a la colaboración con CECOP este verano próximo.
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