IM OPTICAS nº 8

85 LA MIOPÍA, UNA PANDEMIA GLOBAL QUE SE REMONTA A ARISTÓTELES Ópticos, optometristas y optalmólogos se dieron cita para hablar de una patología visual que según la OMS se ha convertido en una pandemia global. Y es que alrededor del 30% de la población occidental (en algunos países asiaticos la prevalencia es bastante más alta, casi el 82% de la población) padece algún grado de miopía. Es por eso que no hay congreso donde no se hable de esta patología, apuntó Massimiliano Serafino, director de U.O.C. Ophthalmology. “Algo ha cambiado; nuestros hábitos están cambiando. Actividades como el estudio, por ejemplo, se han incrementado. Pasamos menos tiempo al aire libre en pro de dispositivos como el ordenador. Pero curiosamente, la miopía ha sido tema de discusión desde antes del nacimiento de Cristo: en el 350 a.C, Aristóteles ya hablaba de ella. Por lo tanto, la miopía siempre ha existido y siempre ha sido un tema interesante para los estudiosos”, explicó. No fue, sin embargo, hasta el siglo XIX, cuando se publicó el primer artículo sobre esta patología de la mano de Derby. “Por muchos años, este concepto fue abandonado, para posteriormente ser recuperado relacionándolo con la `acomodación´, por ejemplo, sosteniendo que a través de lentes multifocales se reduce la acomodación en la visión de cerca”, continuó Serafino. Giancarlo Montani, profesor de Óptica en la Universidad de Salento, recalcó que la miopía no es un tema reciente. “La ventaja que tenemos hoy son los productos que existen en diferentes áreas. Desde medicamentos hasta productos ópticos. En este sentido, contamos con una parte oftálmica y con lentes de contacto. Lo ideal es entender cómo combinar ambas, aunque antes debemos seleccionar y monitorear la eficacia del tratamiento a través del tiempo”, indicó. Progresión anual A su modo de ver, “se debe identificar un valor de progresión anual para ser considerado normal, y esto es importante, porque cuando recomendamos un tratamiento específico a los pacientes, estos esperan que la miopía se detenga”. Cree, no obstante, que esto debería cambiarse en la comunicación entre paciente y especialista; considera que no es justo, “y es importante señalar que nuestra contribución puede en algunos casos bloquear la progresión, pero no debe dar por sentado que con el tratamiento se detiene el avance de la miopía”. El objetivo común, prosigue, “debe ser el de ralentizar la progresión, para que el defecto que se alcanzaría sin tratamiento sea más alto que con él”. Por tanto, “la prevención es clave, no tanto en lo que respecta a la miopía porque ya ha comenzado, pero debemos tratar de reducir tanto como sea posible los riesgos relacionados con la progresión de la miopía y los posibles valores que se pueden exceder”. En cuanto al protocolo del examen a seguir por el especialista, la idea fundamental es que “todos estamos involucrados”. “La colaboración con el oftalmólogo es primordial, pues hay partes del examen que tienen que apegarse a procedimientos específicos que nosotros no podemos implementar. Siempre hay una parte que prevé la recopilación de datos, por lo que debemos identificar cualquier factor de riesgo”, añadió. Por ejemplo, el hecho de tener uno o dos padres con miopía, aumenta el riesgo de sufrir una progresión, y también factores como la edad o el estilo de vida. “Cuando éramos niños, nuestros padres nos pedían que volviéramos a casa temprano; hoy pedimos que nuestros hijos salgan a la calle en lugar de quedarse frente a un dispositivo. Según datos recientes, una visión proximal puede ser un factor de riesgo para la progresión de la miopía”, expuso Montani. La segunda parte es refracción. En palabras del especialista, “algunos colegas suelen decir que no somos capaces de evaluar el defecto refractivo. Eso es cierto, no tenemos la evaluación necesaria para hacerlo. De acuerdo con los estudios publicados, podemos cometer un error mayor si no tenemos un examen de la vista adecuado. El error inicial podría ser igual a 0.50, si comenzamos con este error, no seríamos lo suficientemente objetivos para comprender si un tratamiento ha funcionado o no”. Serafino, por su parte, agregó que ya no es necesario usar la atropina. “Tenemos otras opciones terapéuticas como el ciclopentolato cuyos resultados pueden superponerse a la atropina. Se trata de un agente mascarínico selectivo que es capaz de actuar sobre ciertos receptores. La antropina no puede hacerlo, y además su efecto dura entre 7 y 10 días, mientras que el del ciclopentolato disminuye en unas 12 horas”. Todas estas valoraciones son importantes a la hora de recomendar unas lentes de contacto. Al igual que la posibilidad de monitorear a un paciente en el transcurso del tiempo. “Una vez al año es el mejor enfoque. También podemos realizar controles cada seis meses; todo depende del tipo de corrección y del tratamiento”.

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